Marcos Hernández BolañosCultura, Noticias

El Teatro Auditorio se deja hipnotizar por el humor y la magia de Shado el Mago.  

Humor, mentalismo, magia y hurtos consentidos dejan cientos de bocas abiertas y corazones contentos en dos jornadas del espectáculo ‘Cleptómago’. 

Yoel Leiva, más conocido como Shado el Mago, no es un artista convencional. Su espectáculo ‘Cleptómago’ llenó a rebosar este pasado fin de semana un Teatro Auditorio Agüimes que no paró de reír y asombrarse con las habilidades de este singular ilusionista, capaz desde hurtar cualquier cosa que sus solícitas víctimas lleven encima, hasta hipnotizarlas y hacerlas olvidar su propio nombre.

La expectación era grande, pues las entradas para sus dos pases del viernes y el sábado se agotaron desde hace meses. Shado comenzó su función preguntando a una persona del público cuánto creía que costaba la chaqueta que llevaba encima. Tras unos segundos de duda, respondió: “135 euros”. Sonriendo, el mago volteó la prenda para mostrar una etiqueta que mostraba ese precio exacto.

Contó también cómo desde niño quiso hacer una magia diferente a la tradicional y cómo eso le llevó a convertirse en el carterista más famoso de España. A pesar de eso, incorporó en su espectáculo un juego de baraja, en el que una persona del público eligió una carta del mazo que sostenía en su mano. Tras hacerlo, el mazo empezó a reducir su tamaño, ante la atónita mirada de los presentes, hasta dejar sólo las cartas pertenecientes al palo de corazones y, entre ellas, como no, la elegida.

Shado fue claro desde el principio reconociendo que todo su espectáculo tenía truco. “¿Qué esperaban? ¿Magia de verdad?”. Espetó a un público que se partía de risa con cada uno de sus chistes. Y a pesar de advertirlo, el asombro no dejaba de crecer. Uno de los trucos más espectaculares llegó cuando le tocó hablar del presente: eligió diferentes personas de entre el auditorio para que le propusieran fechas al azar. Números que el resto del teatro iba sumando en sus calculadoras para, finalmente, obtener el número 196.262.126; exactamente la fecha y la hora en la que se estaba produciendo el truco: 19 de junio de 2026 a las 21:26. 

Por supuesto, hubo tiempo para hacer lo mejor que se le da: el hurto consentido. Tres hombres escogidos de entre el público subieron al escenario mientras Shado iba abrumándoles con su constante verborrea y tocamientos: aquí va una cartera, las gafas, un cinturón, el móvil. Nada se le resistía. 

El gran colofón llegó con su espectáculo de hipnosis: consiguió que muchas de las más de 700 personas congregadas en la sala sintieran entre sus manos un poderoso imán que lentamente iba uniendo sus palmas. Incluso algunos no pudieron soltarlas hasta que el mago lo ordenó con una palmada. Entre estas personas eligió a Davinia, quien subió al escenario para caer minutos después en un sueño profundo del que despertó con la capacidad lectora de una niña de 3 años. Ya no era capaz de leer las palabras que se sucedían en la pantalla del teatro, que intentaba pronunciar mientras se le trababa la lengua, e incluso olvidó sus apellidos, mientras el público estallaba en carcajadas. 

Shado se despidió invitando a los presentes a indagar más en el poder de la autosugestión, como forma de impulsarnos a mejorar hábitos, conseguir nuestros objetivos y ser más felices. Los asistentes le respondieron con una sonora ovación y fueron abandonando la sala entre risas y bocas aún abiertas por el asombro. Como advirtió desde el principio, todo fue un truco, pero la magia quizás esté en la ignorancia. Y como dicen, en la ignorancia está la felicidad.

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